
Si todo quedase en esto, alguien de escaso perfil socialdemócrata podría argüir que Robin Hood no era más que un ladrón que obligaba a los ricos a hacer caridad, sin preguntarse si no la hacían ya o sin preguntarles si querían hacerla. Es más, Robin Hood podría verse sometido a una fuerte crítica neoliberal, dado el enorme grupo de amigos que mantenía en el Bosque de Sherwood y las largas fiestas con que disfrutaban hasta altas horas de la madrugada, lo que reducía el caudal que llegaba hasta los pobres en su función redistribuidora. Pero esas críticas no harían más que demostrar su alto grado de compromiso social sin necesidad de nuevos hallazgos documentales sobre su vida. Ni siquiera una crítica comprensiva a la acción violenta de Robin Hood al robar a un rico ladrón, pero dura al hecho de que no se restituyese el robo al expoliado primero sino a quien Robin dijera, lo que volvería a mostrar su nítido perfil socialdemócrata al haber desplazado la Justicia por la justicia social, que siempre fue más progresista, necesitaba avances de la ciencia historiográfica.
Al fin y al cabo, todo esto ya se podía colegir de lo que conocíamos del héroe medieval. Lo que ha llenado de alborozo a la progresía, porque demuestra que ya en esa época oscura de la Historia de la Humanidad había líderes armados con fuertes inclinaciones sociales, que conectan con iconos del siglo pasado como el Che, es el hallazgo del profesor Luxford, de la Universidad de Sanint Andrews en Escocia. Este historiador ha encontrado un documento en latín en la Univeridad de Eton que afirma literalmente que el bandido Robin Hood y sus secuaces “infestaron Sherwood y otras áreas de Inglaterra cumplidoras de la ley con sus continuos robos”. Robin Hood robaba a los pobres, y eso sí que lo hace sin duda alguna un socialdemócrata de la mejor especie. Es más, sólo una actitud socialdemócrata como esa puede justificar que un bandido de la Edad Media haya pasado a la Historia. ¡Albricias, la socialdemocracia ya tiene tradición!